domingo, 20 de noviembre de 2016

Las papas con choco son un plato típico y exquisito de la cocina andaluza nacido entre pescadores que necesitaban de una comida nutritiva y caliente para aguantar los rigores del frío; acerca del origen de dicho plato algunos autores lo sitúan en Huelva y otros en Cádiz. Por tierras castellanas la sepia es muy conocida y consumida, a la plancha, con arroz o en otro tipo de guisos. Sea como fuere, lo que nos interesa de esta receta es que es muy fácil de elaborar, con ingredientes sencillos y con un resultado excelente que en estos tiempos de frío resuelve un plato de cuchara de esos que tanto nos gustan.

Esta receta de papas con choco me la enseñó mi consuegra, que no es ni de Cádiz ni de Huelva, es una sevillana que gusta también de la buena cocina y que un día en su casa nos agasajó con este plato. Yo no lo había tomado nunca y me gustó tanto que le pedí la receta y desde entonces se ha convertido en un básico. Tengo que decir que en la receta original se utiliza vino blanco pero justo el día que decidí preparar la sesión de fotos para el blog no tenía por lo que recurrí a una botella de sidra de Asturias (tengo devoción por ambas tierras Andalucía y Asturias) y el resultado fue espléndido y puedo decir que he probado las dos versiones del mismo plato: andaluza con vino y asturiana con sidra. Ambas muy ricas, por cierto.

Anécdotas aparte, hoy presento esta receta que es la versión más cercana a la que me enseñó Manuela con alguna diferencia que no resta sabor ni prestancia a la original.

INGREDIENTES

(para dos personas)

  • Dos o tres cucharadas de aceite de oliva
  • Una cebolla mediana
  • Un pimiento verde (italiano o medio  del otro)
  • Medio diente de ajo
  • Un Tomate natural
  • Laurel
  • Sal
  • Una sepia mediana
  • Medio vaso de vino blanco (en este caso, sidra)
  • Dos vasos de caldo de pescado o, en su defecto, de agua
  • Dos patatas por persona
  • Perejil

PREPARACIÓN

Picar finamente la cebolla, el pimiento y laminar el diente de ajo.

Poner en una cazuela el aceite de oliva y cuando esté caliente poner las verduras a pochar hasta que estén blanditas.

Mientras, limpiar la sepia y cortarla en trozos. Puede haber hecho esto el pescadero. Reservar.

Cuando pasados unos 10 minutos está listo el rehogo anterior, añadir el tomate natural rallado, el laurel y la sal. Dejar nuevamente al fuego otros cinco minutos hasta que se haga bien el sofrito.

Añadir entonces los trozos de sepia y el vino blanco y mezclarlo todo bien con una cuchara.

Echar el caldo o el agua y dejar a fuego medio durante 10-15 minutos para que la sepia quede blandita.

Pelar, limpiar y cortar las patatas chascando los trozos. Reservar.

Pasado este tiempo añadir las patatas y seguir cociendo a fuego medio hasta que estén hechas. Debe quedar un caldo con cierto espesor, “gordito” o “trabado*” como dirían algunos.

Servir bien calientes espolvoreadas con perejil seco o con una ramita fresca.

Más cosas

Ingredientes opcionales: guisantes en lata, colorante y caldo de pescado. Los guisantes se ponen al final del guiso pues ya están cocidos, el colorante se echaría con el agua y el caldo es perfecto si lo tenemos hecho con antelación o congelado pero no es imprescindible.

En algunas recetas he visto que utilizan tomate frito. Yo no lo he usado nunca pero supongo que es una opción válida y buena, si es casero mucho mejor.

*trabar: espesar o dar mayor consistencia a un líquido o a una masa mezclando bien sus ingredientes. Fuente: Diccionario de la Lengua Española. R.A E.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Cada 15 de noviembre se celebra el día del Bundt Cake. No deja de ser una curiosidad que haya un día dedicado a la elaboración y degustación posterior de un bizcocho elaborado generalmente en uno de estos bonitos moldes que, como ya cuento en otras dos entradas Bundt cake de turrón de chocolate y Bundt cake de Mascarpone y arándanos, cuando compras uno fácilmente encuentras la excusa perfecta para aumentar la colección.

Y también es una excusa esto de querer colaborar con un bizcocho  en la “celebración” de este día que sobre todo se conoce gracias a los blogs de cocina y repostería. Es muy habitual que acercándose esta fecha, las páginas de los cuadernos de cocina que se mueven por la red expongan un amplio muestrario de ricos y apetitosos bollos con agujero. No hay que olvidar que es un bizcocho cocinado en un molde chimenea que ayuda  a la expansión del calor, pero que puede salir igual de rico en otro tipo de molde.

Por todo esto, aunque supongo que esta celebración es una magnífica forma de promocionar los moldes Nordic Ware, yo saco la parte que más me gusta del evento y me uno tan contenta porque para hacer bizcochos del tipo que sea nunca hago pereza.

Hoy he elegido otra versión de un bizcocho integral de avellanas que publiqué hace tiempo; el de hoy, es muy sencillo de elaborar y es muy adecuado para el desayuno o la merienda siendo de esos que se mojan con mucho gusto.

Espero que independientemente del día o del mes, os animéis a hacer este bizcocho que coronado con un baño de chocolate ayuda, sin duda, a pasar las frías tardes de invierno.

Ahí va la receta

INGREDIENTES

  • 150 gr. de azúcar blanco
  • 5 huevos
  • 150 gr. de avellanas
  • 150 gr. de harina
  • 100 gr. de mantequilla
  • 1 sobre de levadura
  • 1 cucharadita de concentrado de avellana (opcional)

Para el baño de chocolate:

  • 8 onzas chocolate de cobertura (yo usé Valor)
  • Una cucharada de mantequilla o aceite de girasol
  • Leche ( a demanda)

PREPARACIÓN

Precalentar el horno a 185º, calor arriba y abajo.

Elegir el molde a utilizar y engrasarlo bien por todas las partes de su interior.

Batir mucho los huevos con el azúcar, unos 7 minutos, hasta que doblen su volumen y queden muy espumosos.

Añadir las avellanas que habremos triturado en un robot. Mezclar bien con una espátula.

Añadir la mantequilla derretida y remover.

Ir añadiendo la harina tamizada con la levadura; es mejor añadirla poco a poco hasta que se vaya integrando bien cada cucharada a la masa.

Cuando la masa esté uniforme (se notarán algunos trocitos de avellanas) echarla en el molde engrasado y hornear durante 35-40 minutos a 185º.

Cuando haya transcurrido el tiempo sacar del horno y dejar que el bizcocho repose vuelto del revés sobre una rejilla, pasados 10 minutos se desmoldará con facilidad.

Mientras, se funde el chocolate junto con la mantequilla o aceite al baño maría, colocando un recipiente con agua al fuego y dentro un bol con el chocolate; se va removiendo con una cuchara y si es necesario añadiendo leche para que quede más líquido. Esta es la forma que siempre elijo para fundir chocolate. Se puede hacer en el microondas pero teniendo en cuenta tiempos de calor muy cortos para que no se queme. Apagar el fuego pero se deja el bol dentro para mantener el calor del chocolate.

De nuevo colocar en su posición normal y regarlo con el chocolate caliente sobre la rejilla antes de pasarlo al plato definitivo.

Al servirlo, añadir más chocolate caliente y si se desea, un poco de nata montada o helado de vainilla.

Más cosas

El chocolate que usé de la marca Valor es una tableta con cuadrados que permiten cortarlo fácilmente. Yo puse 8 porque quería que me sobrara para después rociar cada porción.

No es exactamente una cobertura, es un chocolate líquido pero con consistencia para que caiga sobre el bizcocho y se impregne.

La leche la uso para conseguir esa consistencia semilíquida y voy poniendo en caliente pequeñas cantidades hasta que consigo el aspecto deseado.

Se puede echar chocolate líquido comprado en cualquier supermercado.

martes, 25 de octubre de 2016

La tarta de piña que presento hoy se hace en el horno a diferencia de la gran mayoría de tartas de piña que se conocen y que se hacen en frío, siendo esta de sencilla elaboración y engrosando la lista de recetas de tartas fáciles. Las fotos corresponden a la que hice con piña natural aunque la receta vale  igual si se utiliza piña en conserva. Como he probado las dos versiones, voy a pasar a contaros mi experiencia, positiva y gratificante en ambos casos.

La diferencia más llamativa entre ambas es que en la que se hace con piña natural, observamos un fondo de sabor amargo perfectamente soportable, que no se asuste nadie, menos dulce pero sorprendente al principio aunque después resulta bien agradable porque no cansa ni empalaga nada. Es más exótica, diferente y muy acertada en personas que no tienen el dulce entre sus preferencias. Tampoco la elaborada con piña en su jugo, no en almíbar, resulta demasiado dulce.

La textura es muy parecida, muy cremosa y delicada.

Para el adorno, en la que se hace con piña natural, corté una rodaja fina y de aquí saqué las láminas que puse sobre la masa; si se colocan las rodajas gruesas sobre la masa, se hunden porque pesan y no es fácil que se mantengan en la superficie,  igual que se hace en el adorno de la tarta fácil de manzana o la tarta fácil de pera. Sin embargo, en la que se hace con piña en conserva, es más recomendable colocar dos o tres rodajas en la base de la tartera y sobre estas echar la masa de forma que al acabar la cocción, y tras enfriar la tarta, las rodajas queden arriba. Si se usa caramelo se quedan adheridas con facilidad.

Por tanto, y resumiendo, la misma tarta, pero con un sabor algo diferente según se utilice piña natural o en conserva.

Yo he elegido la elaborada con piña natural porque es menos habitual y porque mi frutero Roberto (El Rincón de la Futa en Segovia) me regaló una piña y, en su honor, la tenía que dar un buen uso. Rober, va por ti.

Ahí va la receta. Espero que, de una forma u otra, sea de vuestro agrado.

INGREDIENTES

  • 200 g. de piña natural triturada o  6 rodajas pequeñas de piña en conserva (calcular el mismo peso más o menos)
  • 3 huevos medianos
  • 2 yogures naturales, de piña o uno de cada sabor
  • 180 g. de azúcar
  • 80 g. de harina o Maizena
  • 75 g. de mantequilla derretida

Para adornar:

  • Rodajas de piña en medias lunas o enteras según la receta elegida
  • Almíbar o, en su caso, un poco del líquido que trae la conserva para pintar, con azúcar.Caramelo líquido (opcional)

PREPARACIÓN

Calentar el horno a 180º.

Si se emplea piña natural, lo primero será descorazonar la piña, pelarla y cortar dos o tres rodajas. Pasar la carne por una batidora hasta conseguir un puré. Lo mismo con las rodajas de piña en conserva, con la ventaja de que ya estarán limpias.

En un bol poner la piña triturada, los huevos, los yogures, el azúcar, la harina y la mantequilla. Triturar todo bien con robot o batidora.

Preparar un molde y engrasarlo. Echar la masa dentro y colocar los trocitos de piña sobre ella cubriendo bien la superficie. Se pueden colocar triángulos, medias lunas o elegir cualquier forma siempre y cuando sean finas para que no se hundan. Si es piña de bote, las rodajas se colocarán sobre la base del molde (con o sin caramelo) y encima de ellas se depositará la masa.

Introducir en el horno precalentado, a 180º, arriba y abajo durante 40 minutos aproximadamente. Pasado el tiempo sacar y esperar a que se temple.

En la elaborada con piña en conserva, cuando esté fría, dar la vuelta sobre la fuente o plato donde se va a servir para que las rodajas de piña queden arriba. Si tiene aspecto caramelizado no es necesario el brillo.

Pincelar la superficie con un poco de almíbar o con un poco de líquido de la conserva  y adornar a gusto (menta, frutos rojos…).

Más cosas

En la receta con piña en conserva: si se desea una superficie más dorada, se puede hacer un caramelo o poner caramelo líquido ya comprado en la base del molde, encima las rodajas y sobre estas la masa. Al dar la vuelta, la superficie estará más dorada debido al color que aporta el caramelo.

Para hacer el almíbar para brillo: azúcar y agua (o líquido sobrante de la lata) en proporción 2:1, es decir por cada 200 g. de azúcar 100 ml. de agua y cocer 5-7 minutos. Se puede aromatizar con unas gotas de ron.

Desde mi experiencia es mejor que al salir del horno quede con el aspecto más blando, como si estuviera un poco cruda sin estarlo, que pasarse de cocción, ya que en frío suele asentarse.

Esta tarta mejora sensiblemente de un día para otro por lo que es perfecta para tenerla preparada de antemano.

martes, 11 de octubre de 2016

La humilde patata, tan versátil en nuestras cocinas, se viste de gala en esta receta llenándose de sabor gracias a ingredientes tan básicos como la panceta y el queso. En este caso unas hermosas patatas nuevas del municipio segoviano de Escalona del Prado.

Patatas rellenas en abanico (Hasselback)

Hasselbacken es el nombre de un hotel y restaurante situado en la isla de Djurgården, próxima a Estocolmo. A mediados de la década de 1700, una taberna llamada Dunderhyttan ocupaba el lugar. Hacia 1760 adoptó el nombre actual y, tras una profunda remodelación, el cocinero Jacob Wilhelm Davidson reabrió sus puertas como "restaurante Hasselbacken", que se podría traducir como "de los avellanos" o "de la avellaneda" por la cantidad de estos árboles presentes en la zona.

Un incendio devastador arrasó el edificio en 1872, resurgiendo de las cenizas completamente y renovándose en 1874. Entre 1947 y 1969 albergó una escuela de hostelería en la que, según cuentan, nacieron las patatas "Hasselback". No me importaría acercarme a Suecia a probar estas patatas que aún hoy es posible encontrar en la carta del “HASSELBACKEN RESTAURANG HOTELL BAR”.

Patatas rellenas en abanico (Hasselback)

Pero ahora nos volvemos a nuestra tierra y rellenamos las patatas, no con una salsa de ajo como parece que era la receta original, sino con unas tiras de panceta (o bacon) envueltas en queso. Se pueden rellenar de lo que se quiera o se tenga a mano: jamón serrano, cecina o incluso salmón son otras ideas de relleno.

Me encanta la forma en abanico que se consigue haciendo unos cortes que se abren con el calor del horno y por los que cae derretido el queso y la grasita de la panceta; con ello se consigue que la patata adquiera un sabor y un aroma que sin abrir sería difícil de conseguir y si se asan bien, el interior queda blandito y el exterior crujiente y dorado. Aunque parece fácil, y la elaboración lo es, hay que tener en cuenta algunos detalles, que yo misma he experimentado varias veces hasta que he conseguido coger el punto al horno y a la cantidad de relleno.

Me explico:

Patatas rellenas en abanico (Hasselback)
  • El horno debe estar precalentado a 200º, Pasados diez minutos calor arriba y abajo a 180º y la última media hora 180º calor abajo nada más.
  • Decidí tapar la parte de arriba con un papel de aluminio porque si lo dejaba sin él, se me quedaban demasiado asados el bacon y el queso y aparecían trocitos un poco duros. Hay gente que las hornea todo el tiempo a 200º: a mi así se me quemaron más de la cuenta.
  • ¿El relleno? conviene ser generosos ya que el queso se funde y la grasa del bacon se desintegra y es mejor que a la hora de comerlas podamos coger con el tenedor la porción de patata con ambos ingredientes sin que se nos quede “viuda”. Yo cojo dos porciones, las empujo hasta abajo y procuro poner otras dos, dentro de la misma ranura.
  • Cuando quedan solo 5 minutos para terminar abro la puerta de horno y echo queso rallado que se funda bien.

Son pequeños detalles que mejoran el resultado final.

No vamos a comer todos los días estas patatas con este relleno pero de vez en cuando hay que darse un capricho gastronómico.

Ahí va la receta:

INGREDIENTES

(para dos personas)

  • 4 patatas medianas
  • 4-6 tiras de panceta o bacon
  • 4 lonchas o trozos de queso (en esta receta queso tierno de cabra y provolone)
  • Queso rallado para fundir
  • Orégano
  • Aceite de oliva
Patatas rellenas en abanico (Hasselback) Patatas rellenas en abanico (Hasselback)

PREPARACIÓN

Precalentar el horno a 200º.

Elegir patatas que sean más o menos del mismo tamaño -mediano- para que el tiempo de cocción en el horno pueda ser el mismo.

Lavar bien las patatas, quitando la tierra que puedan tener con un cepillo si fuera necesario. Secarlas con un paño.

Patatas rellenas en abanico (Hasselback) Patatas rellenas en abanico (Hasselback)

Pinchar una brocheta en la base de la patata, clavándola de extremo a extremo para que al realizar el corte el filo del cuchillo no llegue hasta el final.

Ir cortando trozos de panceta y de queso e introducirlos en cada ranura; a veces parece que se va a romper sobre todo si se empuja bien hacia el fondo pero es la manera de que el relleno no quede escaso. Se puede poner queso en unas, bacon en otras o ambas cosas en todas las ranuras.

Un vez que todas las patatas están rellenas se espolvorean generosamente con orégano (u otra hierba aromática) y se colocan sobre una fuente pincelada con un poco de aceite de oliva. Se meten al horno precalentado y pasados unos diez minutos se baja la temperatura a 180º colocando una lámina de papel de aluminio sobre ellas. A partir de aquí se harán en aproximadamente 40 minutos; por último, y cuando queden 5 minutos para terminar, echar sobre las patatas un queso especial para fundir y más orégano si se desea.

Servir cuando se hayan templado un poco, las patatas guardan mucho el calor.

Patatas rellenas en abanico (Hasselback)

Mas cosas

Si no se es partidario de usar papel de aluminio o no se quiere estar pendiente de los tiempos, es mejor poner el horno a una temperatura más baja desde el principio (180º), calor arriba y abajo, aunque se necesiten algunos minutos más y a mitad de tiempo dejar solo calor abajo.

No he puesto sal en los ingredientes porque me parece que es suficiente con la que aportan el queso y la panceta.

Como en los bizcochos, viene bien pinchar la patata al acabar el tiempo para comprobar que está bien hecha. Si no es así hornear unos minutos más.

jueves, 6 de octubre de 2016

La mermelada es el resultado de la cocción de  fruta con azúcar. Para saber algo más acerca de estas preparaciones he recurrido al libro “La cocina y los alimentos”.

La técnica de conserva de fruta con azúcar ha evolucionado a través del tiempo, siendo en un principio una mezcla de trozos de fruta sumergidos en algún almíbar de miel o zumo de uvas; cuando se descubre que cociendo juntos la fruta y el  azúcar resulta un alimento de textura gelatinosa y sabor dulce, en ese momento se puede hablar de las primeras mermeladas, de hecho la palabra mermelada proviene del término griego melimelon que significa membrillos en miel. Ya del siglo VII hay recetas de jaleas de membrillo y cuando se introduce el uso de azúcar de caña que se hierve en seco junto a la fruta, es decir, solamente con el propio zumo que sale de la fruta, sin agua añadida, es cuando se obtiene lo más parecido a la actual mermelada.

En el siglo XVI, Nostradamus, afamado alquimista, describe una jalea de membrillo de color “tan diáfano que parece un rubí oriental”  y textura densa sin posibilidad de saber que es la pectina la causante de dicha característica. Los árabes usaban el azúcar de caña como endulzante y en Europa se conoció a partir del siglo XIII. Debido al elevado precio del azúcar, el uso de ésta no se popularizó hasta el siglo XIX y por ende, la elaboración de mermeladas y jaleas.

Gracias al  estudio de la composición química de las frutas, del efecto de las moléculas de azúcar sobre ellas y de la importancia de la pectina como ingrediente esencial para la gelificación de la fruta durante el proceso de cocción, se llega hasta las actuales mermeladas.

Cuenta la leyenda que la Reina María Estuardo, que pasó su juventud en Francia, era atendida por un médico que le sanaba sus malestares con miel y naranja; la corte francesa de la Reina que merodeaba alrededor de ella comentaba que la Reina “Marie est malade”, que traducido al español viene a decir que María está enferma y que en francés derivó en la palabra marmalade, asociado a lo que conocemos por mermelada en la actualidad.  Como casi todas las leyendas, no hay nada exacto ni probado ni con el rigor histórico necesario para que esta anécdota pueda considerarse como el origen del apreciado manjar.

Hacer mermelada en casa es una actividad fácil y gratificante porque el resultado es generalmente bueno y además es un alimento que a casi todo el mundo le gusta por su sabor, dulzor y vistosidad. Como norma general, la proporción recomendada es igual cantidad de azúcar que de fruta (1:1) pero en esta receta he usado un porcentaje de azúcar  menor por ser una fruta bastante dulce por sí misma, sobre todo cuando está madura.

Espero que os haya gustado el “tufillo” docente de la receta. Aquí va.

INGREDIENTES

  • 1 k. ciruelas claudias maduras ya limpias
  • 400gr. de azúcar

PREPARACIÓN TRADICIONAL

Lavar bien las ciruelas sobre un escurridor y seguidamente retirar los rabitos y el hueso de su interior , pasándolas a un bol. Ya será el peso indicado en los ingredientes.

Poner el azúcar, mezclarlo todo con una cuchara de madera y dejar reposar una hora para que suelten agua.

Mientras, poner los botes limpios en una cazuela con abundante agua y hervir durante unos 10 minutos; después se colocan sobre un paño limpio para que se vayan secando.

Poner a cocer la fruta con el azúcar en una cacerola de buen tamaño; cuando empieza a hervir retirar la espuma y seguir cociendo a fuego medio removiendo con frecuencia. Para esta cantidad, aproximadamente a los 45 minutos , la mermelada puede estar en su punto. Con un termómetro para estos menesteres, deberá alcanzar la temperatura de 104º y sin termómetro sabremos que está lista cuando sobre un plato frío al poner un poco de mermelada quede la superficie con aspecto rugoso; tampoco es difícil saber cual es el punto de la mermelada teniendo en cuenta que cuando se enfría estará menos líquida que recién sacada de la cazuela.

Rellenar los botes en caliente. Esterilizar o guardar en nevera en función de la cantidad elaborada o del tiempo que se va a tardar en consumir.

PREPARACIÓN EN THERMOMIX

Lavar y preparar la fruta como se expone en la manera tradicional.

Poner en el vaso  la fruta y el azúcar y triturar unos segundos en V4.

Bajar posibles restos de las paredes con la espátula.

Seleccionar 15 minutos,V1, 100º. Cambiar el cubilete por el cestillo. Pasado este tiempo, revisar el vaso y bajar con la espátula restos si fuera necesario. Seleccionar de nuevo 15 minutos, V1, 100º.

Revisar la textura resultante; si quedan trozos grandes triturar unos segundos con una velocidad más rápida con cuidado de no quemarse y si está lista entonces se procede a rellenar los botes en caliente.

Más cosas

Conviene tener tener preparados los botes, limpios y secos, e ir rellenando con la mermelada en caliente dejando muy poco espacio de aire. Poner boca abajo y dejar pasar unas horas hasta que se enfríen.

Si se hace mucha cantidad para conservar largo tiempo, es mejor llenar los botes, cerrarlos y cocer al baño durante 20-40 minutos para asegurar la conservación. Algunos autores recomiendan el uso de olla a presión para este caso.

Fuentes bibliográficas

La cocina y los alimentos. Harold McGee. Edit. DEBATE.

Mis mejores recetas de thermomix 31. Escuela de cocina Cristina Galiano. Capítulo Mermeladas caseras, pág.326.

jueves, 22 de septiembre de 2016

El mes de agosto en mi familia es un mes de muchas celebraciones; mi padre cumplía años el día de San Lorenzo, mi hermano también celebra su onomástica y siempre era una fiesta especial en casa; también mis dos hermanas cumplen en Agosto y  si coincidimos todos solemos celebrarlo. Este año, durante la comida que nos ofreció mi hermana mayor el 7 de Agosto, puso como primer plato una ensalada que se la copié para ponerla en el blog. Me gustó mucho, me pareció fresca y apetecible para un día de calor como aquel y yo, la he convertido en un entrante o aperitivo individual, de ración.

Parece ser que la cosecha de tomates ha sido muy abundante este verano y me han regalado un montón así que rápidamente di cuenta de ellos para hacer salsa de tomate, pisto y esta receta. Los pimientos rojos los compré en la frutería de mi amigo Roberto y los asé en casa. Lo de la ventresca ya es cosa de buscar una buena conserva, la mayonesa de bote si no se quieren correr riesgos o hecha en casa y consumida en el momento. Por lo demás, con dedicar unos minutos a elaborar esta receta se conseguirá un resultado excelente.

Así que agradezco a mi hermana (mis dos hermanas son buenas cocineras) haberme prestado una idea tan buena y tan fácil y espero que aunque el verano se haya acabado, sirva como aperitivo o entrante de celebraciones varias. Se me ocurre que puede ser un excelente aperitivo para las fiestas navideñas, por ejemplo.

Sin más dilación, ahí va la receta.

INGREDIENTES

(Para 4-6 raciones)

  • 2 pimientos rojos asados
  • 4 tomates
  • 4 cucharadas de mayonesa
  • Ventresca de bonito en aceite de oliva (conserva)
  • Mayonesa (abajo explico la receta que yo hago)

PREPARACIÓN

1. Asar los pimientos.

En una cazuela de barro u otra apta para horno colocar los dos pimientos bien lavados; poner sal y un vaso da agua y meter al horno precalentado a 200º aproximadamente 30 minutos; pasado el tiempo, sacar los pimientos del horno y echar sobre ellos un buen chorro de vinagre, con esto se consigue pelarlos mejor.

Cuando estén templados, pelar y quitar las semillas. Cortarlos en tiras o trozos y reservar en un bote de cristal junto con el líquido resultante del asado y el vinagre.

2. Preparar mayonesa

Poner en un bol un huevo entero y añadir un poquito de ajo picado (poco, que no es ali-oli), sal a gusto, el zumo de medio limón y el aceite de oliva y de girasol, mitad y mitad o solo de oliva si se prefiere un sabor más fuerte. Meter el brazo de la batidora y SIN MOVERLO del fondo de la taza empezar a batir;  cuando se vea que va adquiriendo consistencia, entonces ya se eleva el brazo de la batidora y se bate con normalidad. Reservar en la nevera.

3. Pelar los tomates con el pelador de verduras; trocearlos en trozos pequeños. Reservar.

4. Montaje. Poner sobre el plato un aro de emplatar y colocar las siguientes capas:

  • base de pimientos asados
  • ventresca
  • cubrir con mayonesa
  • ventresca
  • tomate picado alrededor rellenando  por dentro de la pared del aro

Más cosas

Cuando se vaya a servir, se levanta el aro con cuidado y se mantendrá más o menos con la forma original. Y digo más o menos porque son ingredientes frágiles y se resbalan con facilidad. Creo que en las fotos se aprecia algún que otro “desprendimiento”.

Para mayor rapidez se pueden usar pimientos asados en conserva; todo es cuestión de organizarse y si no hay mucho tiempo se usan de lata que para eso están y son buenas.

Para ir colocando el tomate alrededor del aro, por dentro, me ayudé de una cuchara pequeña e iba dejando caer los trocitos de tomate que se iban depositando por todo el alrededor.

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